
En Bustarviejo, un pequeño pueblo al norte de Madrid, bulle una fábrica de cerveza que no sólo elabora bebidas artesanas de calidad, sino también un proyecto de vida sostenible, cooperativo y profundamente enraizado en su territorio. Se llama Cervezas Bailandera, y su nombre ya sugiere movimiento, alegría y comunidad. Fundada por cuatro mujeres en 2015, esta cooperativa ha ido más allá de la producción tejiendo un espacio donde conviven la agroecología, la cultura local y el compromiso social.
Desde sus inicios, Bailandera apostó por un modelo horizontal y autogestionado, alineado con los principios de la Economía Social y Solidaria. Lo hacen todo desde Bustarviejo, donde elaboran sus propias recetas —como la refrescante Session BUPA o la aromática Weizenbier de trigo—, gestionan su bar en la plaza del pueblo y organizan encuentros culturales como las Charlas BED, donde circulan saberes comunitarios. Su cerveza no se vende solo por el sabor: es una expresión de un territorio que se resiste al abandono y reclama formas dignas de habitar lo rural.
Este año, su inclusión en el programa Sostento refuerza aún más ese camino. Impulsado para apoyar iniciativas agroecológicas en entornos rurales, Sostento reconoce en Bailandera un ejemplo inspirador de cómo la producción local puede generar empleo, arraigo y sostenibilidad. No es solo una ayuda económica: es un reconocimiento político y simbólico a quienes desde abajo están fermentando alternativas.
Visitar Bailandera es más que beber una buena cerveza. Es acercarse a un proyecto vivo, donde las decisiones se toman en colectivo, donde el valor de lo hecho a mano se celebra en cada botella, y donde el futuro se piensa con los pies en la tierra. Y con un vaso en la mano.
ECOO – Escuela de Activismo Económico
Autor: Guille

